everybody loves a big fat lie

Where is this love? I can't feel it, I can't touch it, I can hear it, yes, I can hear some words, but I can't do anything with your easy words.

samedi, février 10, 2007

A la Rotonda;
la conocí una vez en una caseta
y tomé su vida prestada.





Hace una semana que mi mejor amiga ya no es virgen. Eso ha desencadenado una hilera de acontecimientos sin sentido; un ir y venir de argumentos absurdos de parte de ambos lados, y yo en el medio siempre, de carreras automovilísticas en busca de Postinor y sin receta.

Estábamos tirados en el pasto de la placita de en frente, ella intentando inconcientemente echar un cable a tierra o buscando algo que la conectase con la pequeña rama que emerge de la raíz misma de todo, esa rama verde que ahora se mete por entre sus dedos y yace luego cercana a la tapa de la caja de Belmont corriente, mientras yo le pido a lo poco que me va quedando de fe que la zamarree desde el fondo. Nunca le gustaron los corrientes, pero desde hace ya tiempo que venía haciendo cosas inusuales con su vida.

Recordé, entonces, cuando la vi por primera vez envuelta en esas cuatro paredes oxidadas y con franjas grises, intentando hacerles entender, a la tropa de mequetrefes que la rodeaban, que todos los problemas del país recaían en la falta de cultura del mismo y que, la única forma de hacer un cambio, era ingresando a la médula misma de dicha estructura devastada, en calidad de infiltrado, llamada gobierno, mientras que articulaba los dedos de sus manos como si fueran el objeto único capaz de transmitir un mensaje ineludible y ella sordomuda. También recuerdo lo extraño que me pareció que, apenas transcurridos tres minutos, ya me estaba invitando a su casa para mostrarme lo interesante que era aquello, lo divertido que era esto otro, al compás de sus converse rosadas rechinando en el pavimento seco. No me di ni cuenta cuando ya estaba frente al portón de hierro que me conduciría a su casa y de pronto paf, me presta un libro de la Allende que en verdad no era de mi interés y el apellido de la socialista importaba aún menos; era el acto mismo de prestarme un libro, de entregármelo con sus propias manos, de sonreír, de confiarme el libro, de regalarme un pequeño trozo de sí sin razón aparente, como quien entrega un orgasmo al primer sexo enamorado para así fundirse en él, para amarlo y odiarlo, porque solo así se les perdería el tiempo como a los grillos. Fue así como entró en mi vida, para no salir de ella ni con la espátula que ocupaba mi bisabuela para cocinar en el campo.

[...]

5 libellules:

Anonyme a dit…

Maybe I shouldn't be reading these texts, maybe they're forbidden for my ancient eyes, but I've alwyas been impressed how gifted you are.

I'm in Switzerland at the moment, you're in Chile, so I gotta take my chances to, in one way or another, feel you closer.

Miss you... if I may say so.

Panchito a dit…

Sublime. Me llegó a la médula.

Besitos(k)


para Javier: los textos de esta Mademoiselle nunca tendran edad mínima ni máxima de ingreso :-)

Ale a dit…

che, pienso, en cada línea, en lo autobiográfico(aparente o real) que puede ser la literatura a veces.
me gustó.
muy preciso.
delirantemente preciso.

Talita a dit…

Ooo! qué sorpresa encontrarme con comentarios tan gratificantes, muchas gracias a los tres y Panchito tiene razón, Javier, eres bienvenido siempre :)

Saludos!

Eva a dit…

Me encantó.

El respaldo web es lo mejor; un virus y se puede llevar todos los .doc más que geniales que tienes anclados en tu PC y eso NO PUEDE SER!!!

Te quiero de aquí a alfa centauro(K)

Eva