everybody loves a big fat lie

Where is this love? I can't feel it, I can't touch it, I can hear it, yes, I can hear some words, but I can't do anything with your easy words.

mercredi, juillet 18, 2007


Co-incidente
El otro día llegó un perro de la nada. Tenía el pelo como caído y de colores medio grises, pero no sé si el gris era por suciedad o por la vejez. Venía con un hedor fulminante impregnado, pero lo dejé entrar igual, porque se sentía solo, yo lo sé. Y no porque yo tenga un sexto sentido con los perros o un sexto sentido en general en la vida, sino porque él estaba solo y esas cosas se transmiten sin miramientos; cuando el otro, lo mismo. El perro se me tiró encima y parecía que guardaba ganas de jugar desde mucho antes y todo bien; me lengüeteaba y lengüeteaba, con esa baba hiriente y sin dueño, con un montón de aminoácidos que de pronto formaron un compuesto raro y se me empezó a desprender la piel. Yo sé que es raro, pero créeme cuando te digo que el perro comenzó a arañarme fuertemente, a cavar un agujero muy profundo en mi pecho, a morder mis costillas como si fueran los huesos de un pollo. Las patas del perro se me incrustaban entre los músculos y las venas y se le enredaban, a veces, las uñas entre los filamentos. Era un agujero hermético y punzante que parecía no tener fin, como si reuniera escaleritas para conducir al infierno o a una torre de libros. Era un acercamiento hacia el centro mismo, hacia un dolor insoslayable. Fue ahí cuando una masa latente y amorfa se asomaba frente a él y, con el hocico lleno de sangre, lograba agarrarlo. Tan viscoso, tan horrendo. Yo le dije que lo lanzara, pero él se lo tragó y no hubo caso. El perro comenzó a sentir el calor en todas partes y, en el momento exacto en que las vísceras le berreaban, giró su cabeza en ciento ochenta grados, alfa pasó con beta de la mano y él lo siguió. Estúpido, ahora otro va con la maldición.