everybody loves a big fat lie

Where is this love? I can't feel it, I can't touch it, I can hear it, yes, I can hear some words, but I can't do anything with your easy words.

lundi, août 20, 2007


Sobre el Ser o no Ser
Desde que me levanto en la mañana me ahogo en dicotomías; me agarran por el cuello y no paran de cortarme la circulación. Qué pie pongo primero en el piso, si debería usar jeans para no verme ridícula por usar falda en invierno o usar la falda de todos modos y no tomar en cuenta lo que piensen los viejos cafiches de la facultad, si tomar café considerando que me puede salir una úlcera o un tazón de leche que me hinche el estómago. Hace unos años era lo de enfermera o bombero, carabinero o arqueóloga, medicina o gastronomía, pero preferí ser doctora y, con eso, se acababa la multiplicidad de caminos. Es que cansa el tener que optar por alfa y dejar a beta, para luego pensar que alfa tal vez no era lo mejor y que sí lo era beta pero que beta está a tantos años luz que ya no se puede y punto. En fin, me ganaron los cadáveres porque me daban estabilidad, porque de una vez por todas tenía algo claro en mi vida (mi gusto por abrir cuerpos los nueve días de la semana, las veintiocho horas al día) hasta que de pronto aparece el parásito de la incertidumbre. Entonces ahora tenía nuevamente dos veredas para llegar a lo mismo, pero volver a decidir ya me tenía el seso marchito. Me casé con las bibliotecas y, cuando por fin estaría parada en un terreno más plano, todo se tradujo en nuevas bifurcaciones: tomar la línea cinco en dirección Quinta Normal o Vicente Valdés, si debo ocupar los trescientos noventa pesos en fotocopias de Skinner o de Lacan, ahorrarlos para comprarme unos zapatos en un futuro lejano o dárselos a un mendigo que venda parches curita de Bob Esponja. Y de nuevo el jueguito estúpido de alfa y beta que no se cansa; la tentativa absurda de seguir en lo mismo en que estoy metida o de escupirle a Bolaño en la tumba, tomar el primer vuelo que me conduzca a todos lados y a ninguna parte y salir, salir de los libros manchados de angustia. Pero, de un momento a otro, todo se traslada hacia otra esfera del pensamiento; las cosas se me vuelven claras cuando las escribo y me doy cuenta de que al elegir ahora ya no tendré que volver a tomar más decisiones en toda mi vida. No me doy ni cuenta en qué minuto ni el motivo, pero la vista se me va nublando sin detenerse y el corazón deja de dispararse con la misma fuerza bruta de antes.